Morella, una joya medieval en el interior de la costa Azahar

Morella, una joya medieval en el interior de la costa Azahar.

MORELLA-PANORAMICA

En los meses invernales, en esta localidad del interior de Castellón se recolecta oro, pero oro negro, es la trufa que crece bajo tierra en la base de los árboles y enriquece las recetas de la cocina morellana. Nos abrigamos para degustar este manjar y conocer uno de los pueblos más bonitos de la Comunidad Valenciana y hasta de España.

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Con una fortaleza codiciada desde antiguo por guerreros, nobles y hasta por el Cid Campeador, a esta ciudad medieval hoy se la «ataca» de otro modo. Lo primero es buscar la puerta de Sant Miquel, protegida por dos de las catorce torres que todavía conserva en pie la muralla y que hoy acogen el Museo Tiempo de Dinosaurios. A partir de aquí uno puede perderse por su laberinto de empinadas y escalonadas calles de adoquines adornadas de caserones nobles e iglesias antiguas de gran valor artístico que hacen de ella la ciudad gótica más interesante de la Comunidad Valenciana.

Una buena dirección es pasar por la iglesia de Sant Miquel y después seguir hacia la Pla dels Estudis por la calle Joan Giner –donde veremos el edificio gótico del ayuntamiento- y la porticada y comercial Blasco de Alagón. Flanqueada por hermosas casas de piedra con balcones y miradores, por ella pasaremos más de una vez entre escaparates que nos tientan con los productos de la tierra: las mantas típicas –recuerdo de la tradición textil del lugar– que podemos comprar en Mantas Morellanas García (mantamorellana.com), productos gourmet como miel, quesos, cecina, vinos y mermeladas en Casa Manero (en el número 8) o los típicos flaó, el dulce más deseado de las pastelerías locales. También en la calle Joan Giner está la Quesería Pastor Morella (pastordemorella.com).

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Para conquistar la mole rocosa sobre la que toma asiento la población, tenemos que seguir subiendo hasta toparnos con la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, una joya del gótico del Mediterráneo, donde prestaremos atención al altar mayor y a la magnífica escalera de caracol que sube al imponente coro. Y ya a la sombra del castillo, el Convento de San Francisco, destinado a convertirse en Parador de Turismo y que cuenta con un evocador claustro. En lo alto, a 1070 metros de altitud, el castillo es un mirador de excepción sobre la comarca. Tras una ruta circular para llegar a él, basta situarse en la plaza de Armas, su punto más alto, para entender porque esta plaza fuerte fue tan deseada.

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Más tranquilos hoy los tiempos, ahora lo que toca es seguir deambulando por el casco antiguo de esta reliquia medieval y descubrir aquí y allá otros rincones: capillas enclavadas en los muros de una casa, arcos ojivales en las calles, el Museo del Sexenni (dedicado a su gran fiesta que se celebra de seis en seis años), instalado en la iglesia de San Nicolás, y hasta, fuera del recinto amurallado, los restos de un acueducto, el santuario de la Virgen de la Vallivana, patrona de la localidad, o más lejos, en la partida de Morella la Vella, unas interesantes pinturas rupestres que, incluidas en el Arte Rupestre Levantino, forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

MORELLA-CALLES-SEXENNI

Lo que nadie quiere perderse en este lugar entre enero y marzo son sus Jornadas Gastronómicas de la Trufa, cuando Morella se convierte en la capital del diamante negro de la cocina del Maestrazgo. Las podemos degustar en Casa Roque (casaroque.com), referente de la gastronomía morellana y ubicado en un edificio del siglo XVII, La Fonda Moreno (lafondamoreno.es) o el restaurante Daluan (daluan.es), reconocido con un sol en la guía Repsol.

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